Las violaciones masivas de mujeres y niñas provocan un golpe devastador
que afecta física y psicológicamente a numerosas comunidades de Congo.
Pero este país africano no es la excepción. El fenómeno ocurre en
numerosas naciones en conflicto interno y en ocasiones los encargados de
perpetrar esos abusos son las propias fuerzas de pacificación enviadas
por la ONU para proteger a la población. Guerrillas, ejércitos y
paramilitares contratados por las empresas multinacionales matan,
torturan y violan en una región del mundo en la que la impunidad no deja
nada en pie.

Una de las armas de guerra que se está utilizando con mayor frecuencia, ya que produce un efecto social
devastador y además desde el punto de vista económico tiene muy bajo
costo, es la violación masiva de mujeres. Esa es la conclusión a la que
llega la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios
(OCHA).

El informe presentado días atrás por OCHA comunica que cerca de 5.400 mujeres fueron violadas durante este año en
la provincia de Kivu, en la República Democrática del Congo. El
documento agrega que esta cifra corresponde solamente a los casos
denunciados, con lo que se deduce que habría otros cientos de episodios
similares, lo que convierte al Congo en el país con el mayor índice de
delitos sexuales del mundo.

De acuerdo con OCHA, el 90 por ciento de las violaciones son cometidas por grupos armados, ya
sean fuerzas regulares o desmovilizadas. Las víctimas nunca son atacadas
en solitario, es decir que siempre están acompañadas de otras víctimas y
de decenas de testigos, debido a que en general pertenecen a una misma
comunidad, ya sea un pueblo o una etnia.

De esta manera, el objetivo es asestar un fuerte golpe físico y psicológico a
determinado grupo para que se someta a la jerarquía de determinada
guerrilla o bien como venganza contra una comunidad o gobierno rival.

La cadena Al Jazeera, en su página en inglés publicó el testimonio de una
ginecóloga del hospital de Goma, la capital de Kivu, que afirma que
diariamente asisten a los centros médicos decenas de mujeres que fueron
violadas por guerrilleros y por soldados del ejército federal.

A pesar de que durante 2009 aumentaron exponencialmente los casos de
delitos sexuales como arma de guerra, esta práctica no es nueva. En 2003
hubo graves denuncias de violaciones de civiles por parte de miembros
de los cascos azules enviados por la ONU para pacificar al Congo.

¿QUÉ PAPEL JUEGA LA ONU?

Las Naciones Unidas arrastran un gran desprestigio en sus misiones africanas. Sin embargo, este organismo es
uno de los que más énfasis ha puesto en denunciar la situación de
complicidad de varios países occidentales con respecto a las atrocidades
cometidas por las milicias y por el saqueo de los recursos naturales
por parte de empresas multinacionales.

Las tropas de la ONU se ven desbordadas ante los frecuentes estallidos de violencia y el
masivo desplazamiento de habitantes de pueblos enteros que huyen de la
guerra y del hambre.

Durante agosto y septiembre, unos 110 mil desplazados volvieron a sus hogares en Kivu, pero todavía hay
980 mil personas que necesitan la asistencia humanitaria. La misión de
la ONU no tiene como objetivo entrar en combate, sino proteger a los
civiles y brindarles alimentos, agua, alojamiento y servicio médico.

Además de los desplazados por las guerras en Kivu, la ONU tiene que afrontar
la situación de miles de congoleños que fueron expulsados desde Angola y
que tuvieron que regresar a su país. El Alto Comisionado para los
Refugiados (ACNUR) informó que varios de los congoleños que se vieron
forzados a regresar, corren peligro de muerte, ya que algunos tenían
pasaportes de asilados por la situación de violencia que se vive en el
Congo.

MULTINACIONALES Y GUERRILLAS PRIVADAS

Cynthia McKinney, ex congresista del partido Demócrata de Estados Unidos, fue
la enviada del presidente Bill Clinton al Congo en 1997, año que los
combates entre guerrillas y ejércitos recrudecieron.

Esta mujer afroamericana se horrorizó ante lo que descubrió en este rico y
desdichado país. Alertó que varias compañías multinacionales de sectores
como la comunicación, computación y comercio de piedras preciosas
cuentan con ejércitos propios en el Congo, que son los que producen
masacres y todo tipo de violaciones a los Derechos Humanos.

Inmediatamente renunció al cargo de enviada de Clinton al Congo, pero no a su banca,
desde donde ha manifestado duras críticas contra el apoyo de Washington
al ejército de Ruanda y a las guerrillas que pretenden derrocar al
gobierno del Congo para evitar que competidores de compañías chinas
aumenten su injerencia en el país.

El gobierno de Beijing tejió fuertes lazos económicos con el Congo, que abarca a la provisión
de armas, para combatir a las guerrillas y al ejército de Ruanda,
financiado por Occidente. Tanto las empresas chinas como las
norteamericanas y francesas tienen en la mira los ricos yacimientos del
Congo.

McKinney alzó, en el Congreso norteamericano, la voz en defensa de las violaciones de miles de congoleñas y además
presentó un proyecto de ley, que no fue aprobado, por el cual Estados
Unidos prohibía a las empresas radicadas en el país extraer minerales
del Congo.

La creciente violencia y el drama social de este país, en cuya provincia de Kivu sólo el 10 por ciento de los niños
asisten a la escuela, produce efectos irreversibles en la comunidad. Las
injerencias de las multinacionales y de las potencias generan prácticas
aberrantes. Una de ellas es la cada vez más usual arma de guerra poco
costosa: las violaciones de miles de mujeres.

Fuente: apocalipsis14.blogspot.com

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Etiquetas: congo, guerra, violaciones

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